martes, 11 de febrero de 2014

El Maestro deja la comunidad

   Áigor se va mañana de vacaciones algo más de una semana. Abandona al equipo, como Gandalf abandonó a los trece enanos. Nos he dejado una buena cola (ejem) de tareas pendientes, y a mí, para cuando termine, actualizar el dichoso diagrama con las cosas que hayamos hecho para cada una (el diagrama va a parecer la ventana del de Una mente maravillosa a este paso), y luego hacer unas pruebas automáticas para el programa que hice la semana pasada. Que, me han informado justo antes de salir, sigue sin funcionar. Por supuesto. La cosa es que a mí me funciona, pero en otros ordenadores no... Me estoy empezando a cansar mucho de ese programa.

   Al salir del trabajo he ido a Correos a enviar a la Princesita unas cartas de invitación (en español y en inglés) para cuando llegue a la aduana europea. Por si acaso. Curiosamente ese trasbordo (¿se dice así con los aviones?) lo hará en Barajas. Ya la he dicho que mire al este para ver el pueblo donde crecí. Me estoy yendo por las ramas. El caso es que me he acercado al mostrador y he chapurreado en inglés que necesitaba enviar una carta a México. Y un chico que estaba a mi lado ha oido México y rápidamente se ha puesto a hablarme en castellano para ayudar. Hablaba bastante bien, debía de llevar tiempo aprendiendo. Creo que estaba deseando poder practicarlo con alguien.

   Luego he vuelto a casa en el autobús. Hoy me daba mucha pereza caminar todo el camino. A mitad de camino el autobús ha tenido que parar porque, saliendo del casco antiguo del pueblo, había unos elfos luchando contra un dragón rojo de Munich. El más alto de los elfos ha conseguido herirlo en el ojo, pero eso no puede matar a un dragón rojo. Hay que acertarlo en el corazón. Me he bajado del autobús y he pedido un arco. He apuntado, tratando de controlar el temblor de mis manos. No hay miedo, no hay miedo, repetía...

   Vale, no, no ha habido dragón. Qué queréis. Realmente hoy no me ha pasado nada en absoluto. ;-)

« Cuéntame un cuento y verás que contento.
Me voy a la cama y tengo lindos sueños. »
- Celtas Cortos

lunes, 10 de febrero de 2014

Horarios y fechas

Yo queriendo hacer fotos hartísticas...
No, no es una errata, son fotos de las que hartan a la gente
   He seguido el plan que pensé ayer: me he levantado a las seis, me he duchado, y he bajado a desayunar a las seis y media. Creo que he hecho madrugar a la pobre María nada más que por mí. Ignoro si es que, fuera del fin de semana, no hay más inquilinos en esta casa de Dios (ahora mismo no oigo a nadie, y es más o menos la hora de la cena). La pura verdad es que he desayunado completamente sólo y con una luz muy limitada a la mesa donde yo estaba. Por cierto, creo que mañana dejaré de incluir cereales: no estoy acostumbrado a desayunar, y durante los primeros minutos de la mañana he pasado muchísimo sueño.

   Claro que también puede deberse a que he terminado demasiado pronto, y he estado esperando al autobús cerca de veinte minutos. El plan para mañana es, levantándome a la misma hora, cuando termine de desayunar subir, lavarme los dientes, y entonces ir a por el autobús. Además esta mañana ya puedo decir que hacía frío. No fresquito, no, frío. Aunque ya había dejado de nevar.

   La parte buena es que como el autobús (que me ha parecido extrañamente puntual) iba hasta final de la línea, podía permitirme descabezar un poco sin miedo a perder la parada. He llegado al trabajo con veinte minutos de adelanto, aunque me he ido a la misma hora de siempre. Me parece que esta semana voy a acumular minutos.

¿Por qué en este siglo ya no se usan los ríos para viajar más deprisa?
   Por cierto, que parece que la incidencia que empecé a examinar el jueves se debe a que la gente de pruebas espera un comportamiento del programa que nunca se ha hecho (en realidad sí se ha hecho, pero no para el tipo de orden que están enviando ellos). Mañana tocará debatir si realmente es una incidencia, o se tiene que tratar como una nueva funcionalidad. Esto me suena de algo...

   He salido corriendo a las cuatro y media convencido de que, además de comprar leche, tenía que coger el autobús de vuelta a las cinco. He llegado a menos diez. Y resulta que no, que los autobuses de vuelta salen a las horas y media, jeje. Así que tras considerarlo detenidamente, y como a esa hora de la tarde la temperatura ya no era mala, me he vuelto andando hasta el hostal. Cuarenta minutos. De hecho creo que he llegado antes que si hubiera tomado el autobús. Y he hecho una cuantas fotos por el camino.

   Tras intentarlo de nuevo, me he rendido con el asunto de las fechas, y he escrito a la tutora virtual para preguntarle cómo diablos se hace ese ejercicio. Las escriba como las escriba me sigue diciendo que está todo mal, sin posibilidad de ver la solución. ¿Así cómo voy a saber en qué me estoy equivocando?

Sin palabras... bueno sí, cuando lo he visto creo
que se me ha escapado un "joder"...

   Cada vez que las miro me gustan más las montañas al norte de Bischofchofen.

« - Oiga, que esto es una servilleta que dice "Algo como Marina D'Or".
- Pues eso, los requisitos que me has pedido.»
- sinergiasincontrol.blogspot.com

domingo, 9 de febrero de 2014

Día productivo </sarcasmo>

   Esta mañana, cuando he bajado a desayunar, María tenía ya el horario de autobuses preparado para que lo mirásemos. Así que apenas he tenido que explicarle nada: en seguida ella ha entendido que el autobús que necesitaba para la semana salía a las siete y cuarto y necesitaba desayunar a las seis y media de la mañana. Hoy al desayuno de jamón y queso le he añadido cereales, que han sido muy de agradecer.

   Luego he salido a ver dónde estaba la parada de autobús. Está apenas a cinco minutos andando, así que no hay problema. El plan para la semana es despertarme a las seis, ducharme, desayunar a las seis y media con tranquilidad y salir para allá. Seguramente leeré bastante esta semana, si el frío lo permite.

   Porque hoy ha vuelto a nevar. Con fuerza. Los copos tenían el tamaño de bolas de petanca. Es una pena que no llevase la cámara encima.

   El resto del día lo he pasado básicamente estudiando alemán y jugando al Baldur's Gate. Y, en contra de lo que muchos puedan pensar, he hecho más lo segundo que lo primero. He comido aquí mismo, pues los domingos no hay autobuses y no estaba el clima como para caminar una hora. Tenía lentejas con verduras enlatadas, y como aquí al lado tengo una zona común con platos, cubiertos y microondas...

   El curso online hoy me ha dado un revés considerable. Me explica que, para las fechas, hay que decir los números como si fueran adjetivos dativos o no sé qué. Yo conozco el concepto, pero la verdad es que ese curso no lo ha dado en ningún momento. Así que he podido hacer bien los ejercicios sobre el tiempo, y sobre dar las horas. Pero la fecha aún no tengo ni idea.

   Creo que voy a dedicar media semana al curso online, y media semana a repasar el tema 2 del presencial, que el lunes siguiente tenemos examen.

   Como ayer no subí fotos del Semen(ejem) Cementerio de Animales, hoy coloco unas pocas.

¿Es cosa mía o el cuervo es un poco grande?
¡Abráaaaaazameeeeeeee!


"Los exámenes son buenos. Los exámenes hacen que aprendamos más... ¡Ah, ya sé, podría ponernos unas redacciones!"
- Friends

sábado, 8 de febrero de 2014

El Cementerio de Animales

   Cualquier día me van a venir pidiendo derechos de autor por los títulos que le pongo a las entradas. De hecho, el jueves me desperté, me estiré y se me subió un gemelo. Horrible el dolor que sentí, que me duró el día entero. Y si hubiera podido escribir esa misma noche habría titulado la entrada Los gemelos golpean dos veces. Sí, tengo esa chispa. El humor de los informáticos.

   Hablando de informática, si el otro día dije que el sistema que me habían pedido hacer ya funcionaba, se han empeñado en que deje de funcionar. Voy a intentar hablar en términos sencillos: mi programa, para funcionar, necesita el fichero ejecutable (*.exe), y una serie de ficheros *.dll que ya estaban hechos antes. Áigor me dijo que probase que podíamos enviar sólo el fichero ejecutable, y que el departamento de pruebas utilizara los dll de que ya disponían de otras entregas. Cuando lo fuimos a probar, el programa falló irremisiblemente. Áigor, como cada jueves y viernes, estaba trabajando desde Salzburgo. Y viene su jefe, o jefe de nuestro equipo, o lo que sea, el Sr. H., y me dice que enviar únicamente el ejecutable no se puede hacer, que eso es una locura: que tengo que entregar la solución entera, el programa y sus librerías (librerías y ficheros dll son lo mismo).

   Tal y como lo dijo, me hizo pensar en alguna especie de pelea interna que tienen entre ellos. Yo le dije que vale, y no quise señalar con dedo acusatorio a Áigor. Luego Patxi ya me aclaró que el Sr. H. es el jefe de Áigor, así que, ante la duda, donde hay patrón no manda marinero (ojalá pudiera escribir esto cantando). El programa se ha quedado en el departamento de pruebas, que están muy ocupadísimos, y yo me he puesto a investigar una incidencia que, bueno... con decir que llevo más de un día sólo intentando arrancar el programa en cuestión...

   No es culpa mía, o no totalmente. Javier lleva tres meses intentando que alguien le explique cómo se ejecuta ese programa (sí, el que tiene una incidencia). Y siempre le contestan con evasivas. Áigor estuvo gracioso ayer por el teléfono cuando, sin venir a cuento, me dice que cuando haya conseguido arrancarlo, se lo explique a Javi. ¡Que lleva pidiéndole la explicación a él desde antes que yo dejara mi anterior proyecto!

   Ayer por la tarde ya recogimos los bártulos de Gerlinde-Hall, y me vine a la pensión, a la granja esta perdida de la mano de Dios. Parece un poco una mezcla entre el Poney Pisador y el Circo de los Horrores. Quiero decir, que yo soy carnívoro, y no me llevo las manos a la cabeza por ver, por ejemplo, una cabeza de ciervo disecada. Pero en esta casa hay tal cantidad de animales disecados y expuestos por los pasillos que al principio me dio verdadero mal fario. Y creo que todos me siguen con la mirada, como la Mona Lisa. La mujer del cuadro, no la mona.

   Dormir he dormido bien, eso sí. Y bastantes horas, porque tenía que recuperar un accidente que tuvimos ayer... La princesa y yo teníamos cosas importantes / interesantes que tratar, y estuvimos hasta las tres de la mañana. Al día siguiente en el trabajo estuve bien, no noté en absoluto la falta de sueño. Pero a las nueve de la noche estaba ya derrotado, y tuve que dormir desde entonces. Por cierto que hemos hecho la reserva de un hotel en Viena a 20 minutos andando del centro, y que faltan, si calculo bien, 28 días.

   Hoy me siento estupendamente. He desayunado, ahora me pondré a estudiar un poquito de alemán, y luego intentaré coger (tomar para los americanos, por favor) un autobús para ver cómo van al centro de St. Johann. El hostal se llama Höringhof, y la dueña se llama María Schnell, y a pesar de llevar un par de niños gritones y graciosos a cuestas, es una mujer bastante joven. No creo que le importe que le haga algo de publicidad. Porque a pesar de los montones de animales disecados y de los cientos de trofeos que adornan la casa (pero seguro que ninguno de Eisstock), la señora bastante agradable y trata de que no te falte de nada. Por cierto, me falta papel higiénico. XD

   La Sra. Schnell ayer me dijo que los autobuses salían cada hora y cuarenta, así que yo le pedí los desayunos a las siete de la mañana. Pero creo que se columpió, y pensó que lo quería coger en dirección a Bischofshofen. Los horarios que he visto yo dicen más bien que los autobuses salen a las horas y cuarto, así que mañana se lo tendré que aclarar para que me sirva el desayuno media hora antes. No me preocupa llegar tarde al trabajo. El horario es flexible hasta las 9:45, que tenemos una reunión de seguimiento diaria. El problema es que los autobuses de vuelta se acaban a las seis en punto de la tarde, así que no me puedo entretener demasiado.

   Ah, en el Cementerio de Animales este que llaman hostal no hay red wifi. Javier me prestó un USB con Internet Móvil prepago (¡mil gracias!). Creo que es con lo que él sobrevivió hasta que pudo hacer un contrato. La verdad es que me da mucha pereza pensar que tengo que hacer aún otra mudanza más. Quiero que esta semana se pase rápido para quedarme ya establecido y quieto en un sitio. 

   Hablando de mudanzas, (voy recordando las cosas de forma bastante desordenada, tengo que escribir más a menudo), parece que mis padres no podrán venir hasta la primavera, seguramente. Desconocíamos que por ley era obligatorio llevar ruedas de invierno hasta el mes de abril por estos países supuestamente fríos. Pero vamos, con el clima de este año, ya podrían hacer la vista gorda.

   Días sin morderme las uñas: 1. El jueves volví a caer. Después de haber sobrevivido el martes a un cine de tres horas, eso sí, gracias a los guantes (el holandés a mi lado tenía que estar flipando de verme ver una película con guantes, pero no dijo nada). Nadie me dijo que también necesitaba ponérmelos para esperar a que el Visual Studio compile.

"En seguida me expulsaron de mi puesto. Tenía una desafortunada tendencia a decir la verdad en un país donde nadie dice lo que piensa. Así que ahora traduzco con mucha precisión las mentiras de los demás."
- El Último Samurai

miércoles, 5 de febrero de 2014

De trenes y estaciones

Sé que la mitad de los días retrato las mismas montañas: me llama
mucho la atención que cada día tengan un color diferente. Son preciosas.
   Hoy es día 5. Tal día como hoy, hace cuatro meses, conocí a la persona más maravillosa sobre la Tierra. Sí, te estoy mirando a ti, Chaparrita Princesa. Me alegro mucho de que aquello ocurriera. Eres lo más especial.

   Me han chivado la idea de que, en vez de ir y volver a Viena, nos quedemos un par de noches allí, el domingo veamos la ciudad, y el lunes, antes de volver a St. Johann, solicitamos mi pasaporte. Es muy buena idea, en realidad: nos ahorra un viaje, y es más barato (los billetes de tren que cruzan el país de punta a punta no son nada económicos). Estoy buscando un hotel que esté bien cerca de la oficina de turismo.

   Volviendo al presente, por fin conseguí que mi programa funcionara. No ha sido fácil, y atendiendo a la aplicación de control de issues que utilizamos, llevo ya como cinco horas de retraso (sólo es un valor orientativo, me aseguran que no tiene verdadera importancia). Pero funciona. De hecho, lo podría haber hecho mejor, con el código mejor estructurado, con los errores controlados por excepciones, con macros, etc. Pero Andy (Andreas), el hombre que va a utilizar ese programa, me asegura que no le interesa el código, sólo la funcionalidad. Ya me lo dirá cuando tenga que ejecutar doscientas sentencias de base de datos y aquello sea imposible de depurar. Ahora me encuentro intentando hacer que funcione una versión más atrás de nuestro sistema, dado que ningún cliente está utilizando la última.

   Está volviendo a mi cabeza un proyecto de software que tenía desde hacía años. Era una herramienta de control de tareas, que hacía automáticamente algunos cálculos pesados que tenemos que hacer a mano para facturar, entre otras cosas. Creo que tengo nuevas ideas sobre cómo hacerlo en un entorno de ventanas de Windows, porque lo intenté hacer en Java y fue un infierno. No me gusta Java. Ni la isla ni el lenguaje.

   Ayer por la tarde volvimos al cine. El Lobo de Wall Street. Película un poco desmadrada, pero muy buena. Sobre todo, si las cosas que cuenta son siquiera medio reales (y, por desgracia, parece que lo son), es un auténtico mazazo. Qué clase de gente maneja nuestro dinero... Bueno, realmente, la clase de gente a la que nosotros idiotas se lo permitimos. Han sabido ser los más listos de la clase, y no en el buen sentido. Si le pongo una única pega a la película es que es demasiado larga, demasiado estirada. El mejor ejemplo de ello es la escena, que se va a convertir en clásico, del colocón tardío de DiCaprio y Jonah Hill: muy buena idea, muy bien interpretada, pero en retrospectiva, una secuencia demasiado larga. Así, toda la película. Eso sí, me pareció soberbia la conclusión final: que, por mucho que critiquemos a esta gent(uza), y les miremos con una aureola de superioridad moral que vaya usted a saber de dónde sacamos... A todos nos encantaría ser multimillonarios de la manera más fácil.

   Hoy he ido en tren a Bischofshofen (algún día lo escribiré bien) para el curso, ya que Javier no tenía clase. Ha sido una experiencia interesante, creo que ya me estoy enterando de cómo mirar los paneles de información. Porque realmente, estas estaciones son como las de España... en los años setenta. Si de hecho hay seguratas con gorra y pito como yo ya sólo los veía en los cómics de Mortadelo; los gigantes relojes analógicos; la información de los trenes en carteles (no suele haber paneles electrónicos en los andenes, aunque según en qué estación, alguno se ve); la voz por megafonía acercando que se acerca un convoy... La verdad es que no resulta muy complicado cómo debían haber sido estas estaciones poco después de la Segunda Guerra Mundial.

   Como ya avancé, la semana que viene no tengo clase, ni tampoco Internet. Aunque, respecto a lo segundo, se me ocurre que escribiré los posts en local, y a la mañana siguiente los subiré desde el trabajo. Parece que no hay demasiados problemas por entrar en Google.

   Ah, y el trofeo del Eisstock definitivamente se queda en la oficina. Parece que les gusta más ahí. A mí no. Parece que esté pidiendo a gritos que me feliciten, es lamentable. Pero el jefe lo hace así (eso me ha dicho Alexandra), y todos imitamos al jefe. Claro que sí.

   Para eso es el jefe.

« Hagrid, tiene que haber un error. No existe tal cosa, el andén 9 y 3/4, ¿verdad? »
- "Harry Potter y la Piedra Filosofal", J. K. Rowling


lunes, 3 de febrero de 2014

A vueltas con la Pokal

   Hoy estaba empezando a hartarme un poco ya del asunto del Visual Studio. Tres días llevaba intentando compilar un proyecto, pero siempre me desbordaba memoria nada más arrancar. No llegaba ni a ejecutar el main, abría en una función que ni siquiera era mía. En un momento del día, entre otras ideas, Áigor me ha sugerido que compare la línea de comando de la compilación (que se genera a partir de las opciones del entorno) con la de otros proyectos. Y mira que haciendo eso, al final he dado con un par de opciones que me sobraban, y a última hora he conseguido que el invento compile. Ahora me falla en otro sitio, pero al menos ya estoy depurando mi programa, y no métodos extraños en librerías de Windows que ni conozco ni me son útiles para nada. Seguramente mañana pueda pegarle un buen empujón al proyecto, ya era hora.

   Mientras tanto, Javier se queja amargamente (y con razón) de que no tiene trabajo que hacer. No entendemos muy bien cuál es la estrategia que siguen nuestros jefes para decidir qué issues pasan a la cola de tareas que tenemos que hacer, y cuáles se quedan a la espera. Supongo que un día de estos vendrán a decirnos que hay cinco cosas nuevas que hacer, y la versión se entrega el siguiente viernes. De momento, el parón a mí me está sirviendo para aprender a pelearme con el entorno.

Cómo sacarle partido a una copa
de Eisstock
   Curiosa ha sido la llamada que he recibido a media mañana, de Alexandra, una de las personas que organizaron el evento del Eisstock el pasado viernes. Me ha dicho que tengo que llevar el trofeo porque era para tenerlo en la oficina, y además me tienen que hacer una placa o algo así. La verdad, yo no quería llevar el trofeo a la oficina porque me parecía de una actitud muy chula. ¿Quieren que lo enseñe a todo el que entre, y que además les diga "sí, no hubo ningún equipo, esto lo gané yo y sólo yo"? ¡Pero si yo no hice nada para tener ese trofeo en casa, de verdad! En fin, mañana agarraré una bolsa y lo llevaré para allá. Sospecho que habrá cachondeo, y no es para menos.

   La clase de alemán ha estado bastante bien. Hoy mi compañero bosnio se ha enterado de un poco más. Aunque cuando hacíamos ejercicios de conversación quería ir muy deprisa: más que hablar bien parecía que quería echar una carrera a ver quién terminaba de hablar antes. Y mira que yo soy de hablar rápido, en general. Más curiosa ha sido una chica rumana que ha venido nueva hoy, que cada vez que le preguntaban algo se quedaba callada, o contestaba para el cuello de su camisa. Y entendía lo que le estaban pidiendo (otros compatriotas además se lo señalaban). Era sencillamente miedo a hacerlo mal. ¡Pero si allí es precisamente donde tenemos que hacerlo mal! No sólo es una clase, ¡es una clase de nivel básico! ¡Estamos con My taylor is rich and my mother is in the kitchen! No voy a volver a divagar sobre el tema del miedo, no creo que haga falta.

   Pero realmente, tampoco tengo muy claro qué debe de pensar esta persona. No es como si el resto de nosotros hiciera los ejercicios perfectamente (aunque alguno se cree que sí). Lo dicho, estamos en una clase de primero. Estamos todos haciéndolo fatal, en eso consiste. Estamos allí para aprenderlo. Y somos adultos, y estamos allí por un motivo. No tenemos seis años y no estamos allí porque nos obliguen. Así que, ¿por qué no participar?

   Por cierto, que el próximo miércoles tengo clase, pero Javi no; iré en tren, que será mi primera experiencia de transporte público desde el día que llegué. Y la semana que viene no tenemos clase ninguno, porque aparentemente en febrero, una semana, suelen cerrar todos los colegios. Unas vacaciones escolares de las que no hemos oído hablar en España. No, nosotros como país laico que somos, preferimos hacerlas en Semana Santa. Para que los niños no se pierdan las procesiones ni Ben-Hur por televisión. La verdad es que me han resuelto un problema: justamente la semana que viene estaré viviendo en la granja aquella a la que fui el sábado, perdida de la mano de Dios, y había visto que los autobuses sólo duraban hasta las seis y media. Ni hecho a posta. De esta manera no tendré problema.

   Eso sí, me temo que durante esa semana este blog estará en silencio... Aprovecharé para escribir relato.

Echa a andar
y si la vida te pisa
desenvaina una sonrisa
¡y vuélvete a levantar!

- Mägo de Oz

PD: Un premio para el que sepa de dónde ha salido la imagen.

domingo, 2 de febrero de 2014

Vaya semanita

   Sí, sé que llevo mucho tiempo sin publicar, pero la verdad es que ha sido una semana bastante complicada, en cuanto a que ha habido muchas cosas que hacer. Como ya adelanté en el último post, he empezado el curso de alemán. Y eso ya me deja bastante poca energía para cuando llego a casa.


   El curso va bastante bien. Lo único malo es que luego he querido retomar el que estaba haciendo online, y me ha costado horrores, porque claro, estoy en un punto diferente. Le he perdido totalmente el hilo. Ahora volveré a intentarlo. Además, el compañero bosnio de al lado sigue sin enterarse de nada. Es raro, porque hay gente en la clase que habla su mismo idioma y que podría ayudarle, sobre todo una chica llamada Sisisisiana o algo así. Yo sólo entiendo *ana. Pero cuando le explica algo parece que le echa la bronca, es bastante creída la chica. Y yo no puedo ayudarle mucho si no habla tampoco nada de inglés.

   Es curioso este curso, en el que no nos dejan entrar calzados a la clase. ¿Acaso no limpian el suelo? El martes tuve que comprarme un par de chanclas (que todavía no me atrevo a usar en el trabajo, por aquello de las armas de destrucción masiva). Aprovechando, encontré de casualidad una mochila muy maja por 20€, y la compré. Estaba bastante cansado de arrastrar la carpeta bajo el brazo por las mañanas.


   La semana que empezó con un tiempo muy malo (o bueno, para la gente de aquí) ha ido mejorando después. O empeorando, según se mire. Después del lunes, la nieve empezó a amainar considerablemente. Hacia el jueves empezó más bien a llover, con lo que se ha ido mucha. El problema es que la temperatura ha subido de día, pero no de forma exagerada por la noche. Por las mañanas hay unos bloques de hielo en la carretera que son como para bajar más deprisa.


   Estoy cogiendo demasiada afición a los Kit-Kat de la máquina de la estación de trenes. Por el bien de mi economía y de mis triglicéridos, debería controlarme.


   En el trabajo, he empezado a hacer una herramienta que, utilizando algunas funciones que ya estaban hechas, coge un fichero XML, lo convierte en sentencias SQL, y las ejecuta en la base de datos (a alguno lo que acabo de decir le sonará a chino, ya). Es lo primero que hago puramente de programación desde que he llegado. La experiencia está siendo bastante catastrófica, la verdad. El código no me está quedando excesivamente limpio, me gustaría comentarlo más pero tenemos una política de no escribir comentarios que no sean imprescindibles. Sí, como suena. Según nuestra convención de código, tenemos que comentar lo justo y necesario para hacer aclaraciones, y punto. Me pregunto si también dirá algo sobre no documentar las clases que se crean. Además, compilar en Visual C++ es de por sí complicado, pero si encima tienes que linkar con librerías que ya existen es peor. Y si estas librerías están diseñadas para aplicaciones de ventanas, y lo que estás haciendo es una aplicación de consola, la pesadilla para conseguir que las librerías funcionen correctamente es considerable. Aún así, tengo esperanzas de que el asunto de los links lo tenga solucionado el lunes, y tal vez el martes ya tenga la aplicación finalizada. La verdad es que me gustaría haberla terminado antes.


   También hay un pequeño conflicto, ya que, sin citar nombres, uno de nuestros compañeros ha hecho una entrega con una descripción en la que decía que, entre otras cosas, daba marcha atrás los cambios de otro compañero porque habían provocado más problemas sin solucionar ninguno... Poniendo el nombre de esta persona, es decir, con dedo acusador. ¿Qué clase de compañero hace eso? ¿Un trepa?


   El jueves, después de la última pesadilla relacionada con las tarjetas de crédito, por fin conseguimos comprar el billete de avión para Aida. Al fin. Parece que está hecho, el billete lo tenemos y las vacaciones están pedidas. Ya parece que mucho se tienen que torcer las cosas para que no nos veamos, y nos abracemos sin parar el día 8 de marzo. Lo cual, si me salen las cuentas de cabeza, son treinta y cuatro días desde hoy. Los dos estamos increíblemente ilusionados por que llegue ese momento. Incluso la gente de su entorno que al principio tenía más miedo parece que ya empieza a confiar un poco en que no la voy a vender por camellos ni nada así. Entiendo las reservas de la gente, yo en su lugar pensaría lo mismo. Espero que cuando ella regrese sana, salva y feliz, ya nadie tenga ninguna duda.




   El viernes por la tarde, unas cuantas personas de la empresa subimos una montaña para ir a una pista de Eisstock. El Eisstock es un juego de invierno que parece que aquí gusta bastante, como todos los juegos de invierno. Como dijo Patxi, es curioso que en los países más fríos sea donde más afición hay por los deportes de exterior. Como sea, el Eisstock se parece un poco a la petanca. La gente se tiene que dividir en dos equipos, y básicamente hay que lanzar unos discos, con un palo sobre ellos para cogerlos, deslizándose a través de una pista de hielo hasta dejarlo lo más cerca posible de un ladrillo en el otro extremo. El equipo cuyo uno de sus miembros sea el que tiene su disco más cerca del ladrillo al final, gana. Y, como en la petanca, la gracia del juego consiste tanto en tirar tu disco cerca del ladrillo como golpear y alejar los discos de los contrincantes.


   Al principio tiramos una ronda para ver quiénes serían los capitanes de los equipos. Resulta que yo fui uno de ellos (no sé si porque mi disco quedó más cerca del ladrillo, la verdad es que ni me fijé, sólo me lo dijeron). Como capitán, yo tenía que tirar el primer disco de mi equipo, y luego, con un bastón alto, indicar a mis compañeros hacia dónde tenían que tirar para acercarse al ladrillo, o echar a los discos de los adversarios. Mi equipo ganó, gracias sobre todo a un chaval, cuyo nombre desconozco, que tiraba el disco donde le daba la gana. Y, no digo esto por ser mala sangre, pero es que fue muy gracioso: cada vez que tirábamos el disco tan mal que daba una vuelta de campana, nos daban un trago de schnapps, una especie de aguardiente; Patxi se bebió más de media botella.



   Mi equipo ganó, y la sorpresa mayúscula llegó durante la cena (por cierto, unas costillas tremendas), cuando me dijeron que como capitán del equipo, yo me llevaba el trofeo a casa. Durante un año. Dentro de un año volveremos a competir y otro se llevará el trofeo. Yo no me lo podía creer, seguía repitiendo "Is this for real?". Aquí lo tengo, y es la clave de que pueda recordar el nombre del juego de marras. Imagino que la semana que estaré fuera se lo dejaré a Gerlinde para que lo guarde, es tontería estarlo moviendo de un lado para otro.

   Ayer sábado celebramos el cumpleaños de Javi, que fue el pasado jueves. Cenamos en un Steakhouse y luego nos fuimos de copas. Estuvo bien, ya no me emborracho tanto como los primeros días. Y en el antro donde estuvimos había un par de fulanas que no sé si estaban borrachas o sólo intentaban llamar la atención con un baile que, de exagerado, yo definiría más bien de aspavientos. Uno de nuestros compañeros, estuvo a punto de irse a casa con una de ellas, o con las dos. Durante un momento de duda nos pidió que alguno se las quitásemos de encima, cosa que no me sentía ni remotamente capaz de hacer. Además, ¿por qué no iba a llevársela a casa? Es adulto, narices. Bueno, al final, los acompañantes masculinos de las locas parece que le convencieron de que no se acercase demasiado.


   Antes de eso, por la mañana, fui caminando, bordeando el río, hasta donde me voy a alojar a partir del próximo viernes, durante una semana. La verdad, el sitio precioso a más no poder. Pero no es ni siquiera un hotel. Es una granja, en la que deben de alquilar casas, lo mismo, para los turistas. Se supone que lo contraté con desayuno, y no vi siquiera una recepción. ¿Dónde se supone que me van a dar el desayuno? Además, allí no había nadie excepto una perra bien simpática, que de aburrida, en seguida quiso venirse conmigo.

   Eso sí, el camino fue precioso, y lo pasé cavilando junto al frío río sobre cómo he llegado aquí. Y cómo voy a llegar donde sea que llegue. Estuve pensando acerca del miedo, sobre todo. Es el miedo, sólo el maldito miedo, el que nos mantiene parados. El miedo a fracasar, el miedo a que las cosas no son como esperásemos. Yo soy de la opinión de que no hay nada que haya que temer más que el propio miedo. Si te pasas la vida pensando que las cosas van a salir mal, es muy difícil que salgan bien. ¿Por qué tienen que salir mal? Hace un mes me mordía la lengua para no entrar en debates políticos, y mira, hace dos días me llevé a casa un trofeo de un deporte del que jamás había oído hablar. ¿Cómo? Pues yo creo que porque no lo he pensado. En todo lo que hago, esa es la filosofía que quiero seguir: que el miedo no me detenga. Otras cosas puede que lo hagan pero no el miedo. Porque es cierto que las cosas pueden salir mal, o no salir como estaban previstas. Soy consciente. Pero también es posible que las cosas vayan estupendamente, y no sería el primer, ni el segundo, ni el tercer caso. Y sí, esto es aplicable para empezar un nuevo trabajo, para empezar una nueva vida en otro país, para empezar un nuevo proyecto personal, o para empezar un amor que objetivamente parece bien complicado. Acaso, ¿qué es lo que tememos perder si fracasamos, si lo comparamos con lo que podríamos ganar si tenemos éxito? Nada, en el fondo. 




   Últimamente oigo hablar mucho de que hay que tener los pies en la Tierra, no estar en las nubes. Que el mundo es el que es. Y la verdad es que cuanto más lo pienso, más en desacuerdo estoy. Igual (por no decir que seguramente) me acabaré llevando palos, pero creo que aún así voy a seguir estando en desacuerdo. Cuando el mundo pensaba que al oeste del océano no había nada salvo monstruos y oscuridad, un italiano se presentó en la Universidad de Salamanca proponiendo cruzar este océano, porque él pensaba que la Tierra era redonda, y que se podía abrir una ruta comercial con China por ese camino. Y las mentes más brillantes de la Cristiandad dijeron que aquel proyecto era imposible, y que se bajase de la nube. Hace cincuenta años, un tal Gene Rodenberry creó una serie ambientada en el futuro que, entre otras maravillas, mostraba una computadora de bolsillo con la que los personajes se podían comunicar entre ellos y saber su localización. Hace ciento cincuenta años un tal Julio escribía sobre viajar a la luna, o a las profundidades marinas. Ya no hablemos de los logros científicos de Marie Curie o Albert Einstein, o de los logros sociales de Martin Luther King o el lamentablemente olvidado Vicente Ferrer. Como decía Harry Potter: todos ellos personas que empezaron siendo exactamente lo mismo que nosotros. Personas normales, que no creyeron que el mundo es el que es y punto, sino que se puede mejorar.


   El mundo es el que nosotros hagamos de él. La vida es lo que nosotros hagamos de ella. Y yo no quiero tener miedo de seguir avanzando adelante como el BBVA. Porque así, avanzando adelante, sin miedo, es como voy descubriendo cosas nuevas, aprendiendo cosas nuevas. Ganando experiencias. Las experiencias nuevas, el conocer cosas que antes desconocíamos, es lo que alimenta el espíritu. Y alimentar el espíritu es, por poco, más importante que alimentar el propio cuerpo. Porque cuando el espíritu está bien alimentado, nos hacemos fuertes. Fuertes para que los intentos de algunos individuos por hacernos sentir peor no nos afecten. Fuertes para que nada que no nos haga más felices nos pueda tocar. Fuertes para sentir que tenemos todo lo necesario, y que ahora podemos aportar algo al mundo. Yo espero poder aportar algo. Lo deseo con todas mis fuerzas.


   Y la verdad, imagino que será algo más relevante que un programa de ordenador. Aunque quién sabe... Steve Jobs y Bill Gates también han cambiado el mundo.



"La NASA tiene una frase que reza 'El fracaso no es una opción'. Aquí y ahora yo os digo: el fracaso es una opción; el miedo no."
- James Cameron, en la conferencia de TED, 2010